miércoles, 27 de marzo de 2013

NÁUFRAGOS DEL SISTEMA (Enero-Febrero 2013)

2 de Enero 2013: Tipos de alcoholismo.



9 de Enero de 2013: El orgullo de ser abstemio.





Náufragos del sistema: 20 de Febrero de 2013.




Náufragos del sistema: 27 de Febrero de 2013.

Calidad de vida. Felicidad sin alcohol.

jueves, 28 de febrero de 2013

COMO ALEJAR A TU HIJO DE LAS DROGAS (3). REFUERZO Y CASTIGO.


 José Luis Rufo Rodríguez.






Dos términos comúnmente utilizados por el conductismo nos pueden ayudar en nuestra tarea. La palabra castigo, desvirtuada por extremistas de lo “progre”, es una herramienta fundamental en la educación de un hijo y destinada a que un comportamiento disminuya la posibilidad de su repetición. Todo acto debe tener su consecuencia, de lo contrario ocurrirán situaciones tan peligrosas cómo con las que nos encontramos hoy en día en muchas familias y escuelas: el niño no teme las consecuencias de sus actos y establece una relación de superioridad ante la carencia de autoridad.
Dos palabras que para algunos serán impronunciables, presa de su estupidez: autoridad y castigo, ¡qué aberración!
Definamos el término castigo con precisión. Para ello utilizaremos el diccionario de la RAE:
 (De castigar).
1. m. Pena que se impone a quien ha cometido un delito o falta.
2. m. Enmienda, corrección de una obra o de un escrito.
3. m. Chile. Acción y efecto de castigar (aminorar gastos).
4. m. ant. Reprensión, aviso, consejo, amonestación o corrección.
5. m. ant. Ejemplo, advertencia, enseñanza.

En ningún momento se habla de agresiones físicas, insultos o cualquier otro término agresivo. Por el contrario sí incluye las acciones de corrección, aviso, advertencia y… ¡oh qué curioso!: ENSEÑANZA.
La combinación de castigo- refuerzos es primordial en nuestra labor. Desde el inicio de la relación el niño necesita esa autoridad “protectora” de sus padres que le aporte seguridad. Si somos indiscriminados en los castigos y refuerzos esa visión de autoridad se perderá. Se puede castigar mucho y no tener autoridad alguna sobre nuestros hijos, lo cual es absolutamente inútil. Obviamente ocurre lo mismo al revés: se puede reforzar mucho y que el niño no alcance el respeto y aprecio por la figura de sus padres, además de convertir ese refuerzo en una demanda obligatoria que el hijo reclamará para hacer cualquier acción.

Todo requiere mucha más coherencia y sentido común. Nos encontramos en una sociedad excesivamente permisiva y que disculpa en el entorno familiar y académico los actos del niño: padres que desautorizan a los profesores, niños que desautorizan a los padres…en definitiva, un sinsentido…y todo en aras de una ridícula visión de la libertad de expresión y miedo a “traumatizar” a la pobre criatura. La mejor forma de traumatizar a un hijo es no cumplir con nuestras obligaciones como padres.

Hemos llegado a normalizar situaciones como los macrobotellones donde una gran multitud de jóvenes tienen el derecho de concentrarse donde quieran, beber sin control, provocar actos vandálicos y cuidado con controlarlos porque estaríamos ante una represión propia de épocas dictatoriales. Lo más lamentable de todo ello, es que somos los adultos los responsables de haber obligado a nuestra juventud a estas ideas. Nada más lejos de mi intención que criminalizar a la gente joven, probablemente porque la mayoría de ellos pertenezcan a la generación más solidaria y bondadosa de las últimas épocas. Curiosamente esa misma juventud, responde muy positivamente cuando se le ofrecen otras alternativas de ocio y diversión: sirva de ejemplo cualquier reunión de temática mal llamada friki, como salones del cómic o salones manga. Me gustaría que realmente la gente conociera cómo se reúnen una gran cantidad de jóvenes en estos salones con el único objetivo de divertirse, además de ser una forma cultural, y sin provocar desórdenes ni altercados públicos. Rara vez se encontrará usted con botellas de alcohol y otras sustancias en estas situaciones….Pero claro, eso exige esfuerzo: esfuerzo institucional, que cuando quiere pone en marcha estos proyectos y después los hace desaparecer sin sentido alguno. Mi ciudad, Cádiz, ha sido un ejemplo de que cuando hay voluntad se realizan estas actividades…¿por qué no se siguen realizando los fines de semana alternativos con pabellones abiertos para realizar deporte, salones culturales, actividades de manualidades, cine-fórum, discotecas sin alcohol…? ¿qué interés existe en que esto no se lleve a cabo? Probablemente la mano de ciertos sectores empresariales sea más alargada de lo que realmente pensamos… ¡Lástima!

Ante esta falta de recursos, somos los padres los que tenemos que doblegar nuestros esfuerzos: no podemos normalizar situaciones como el hecho de que nuestro hijo menor llegue alcoholizado a casa. El número de padres que en consulta explica que no creen que sus hijos hagan nada extraño ni peligroso, por beber alcohol e incluso  en alguna ocasión se excedan, es alarmante. La primera reflexión es que probablemente ellos también lo hagan, la segunda es que cuando quieren remediarlo optan por el castigo sin sentido, desmedido y sin autoridad alguna.

A los adolescentes hay que acompañarlos, estar pendientes de su regreso a casa, recogerlos y comprobar su estado. No debe haber miedo a preguntar a nuestros hijos con quién están, y conocer a sus amigos y a los padres de estos.
Hay que delimitar las condiciones de salida, establecer horarios razonables, hacer el esfuerzo de ir a recogerlos. Si estas premisas no se cumplen debe haber una consecuencia que precisamente afecte a futuras salidas. Si llegas tarde, obviamente no podrás salir la próxima vez. Y si llega en mal estado la respuesta debe ser más significativa, así como conocer las circunstancias de cómo se ha producido.

Conocer bien el grupo de amistades de nuestros hijos es fundamental. Esto no significa inmiscuirse en su privacidad.

La forma de poner el castigo, debe hacerse con firmeza pero sin histrionismos. No hablamos de gritos, ni situaciones histéricas  de persecución, control y registro. No somos policías, somos padres. Y si estamos atentos a nuestros hijos, las señales del consumo de drogas son tan evidentes que no hacen falta registros de bolsos. Llegar tarde sistemáticamente, reacciones de desprecio, cambios bruscos de humor, no cumplir con sus obligaciones, mal aspecto, ausencia de aficiones y hobbies, el conocer a sus amistades... nos puede dar pistas sobre el posible consumo de drogas de nuestros hijos. Y sobre todo hablar claramente del tema con ellos, sin mitos absurdos, saber qué opinan sobre ellas, preguntar si en su entorno cercano se consume y aconsejarles qué hacer cuando se enfrenten a ellas. En capítulos posteriores comentaremos cómo hacerlo.

Explicadas las razones de por qué se realiza, hay que mantener el castigo hasta el final de lo propuesto.

Centrémonos ahora en la otra herramienta fundamental: el refuerzo.  Éste no puede ser entendido exclusivamente como el premio por una acción positiva.

El premio por un comportamiento global también es importante y al igual que el castigo debe estar explicado de antemano. Pero el refuerzo es un opción que también podemos utilizar sin previo aviso (aunque no de forma repetitiva porque perdería esa validez) cuando creemos que la conducta de nuestro hijo merece ser recompensada. También hay que insistir en acciones que el niño debe empezar a realizar sin esperar grandes gratificaciones, como por ejemplo su responsabilidad en el estudio, y explicarles donde está la verdadera motivación de realizarlas.

Hay que dejar bien claro que el resultado no es el único indicativo para ser gratificado, el esfuerzo debe ser premiado. 

Entre las recompensas a utilizar podemos encontrar:

Recompensas de carácter social y afectivo. El concepto refuerzo en nuestra tarea de padres es mucho más amplio que el comprar algo material. Reforzar también es estar con nuestros hijos, esforzarnos en comunicarnos con ellos, hacer actividades juntos, conocer sus gustos e incentivarles otros nuevos. El levantarse un domingo por la mañana para realizar una actividad que a nuestro hijo le guste: como practicar un deporte, ir al cine, ver un partido de fútbol, realizar una excursión… todo ello es también un refuerzo necesario.

También podemos utilizar las  recompensas simbólicas. Este método es muy utilizado en psicología infantil (por ejemplo con fichas o pegatinas que el niño podrá cambiar por actividades o pequeñas recompensas). En mi modesta opinión, con adolescentes es poco válido en un ambiente familiar, además de que los trataríamos como infantiles, pero precisamente en edades tempranas puede resultar efectivo.

Por último, las recompensas tangibles, materiales son lamentablemente las más utilizadas por muchos padres, por su facilidad y el poco compromiso que exige de ellos. Normalmente consisten en regalos o gratificaciones monetarias. Estas recompensas, insisto, deben ser las menos utilizadas, sólo en situaciones muy especiales.  Recuerdo el caso de una madre que me comentaba en consulta lo siguiente: ¿Puedo comprar a mi hijo el último juego de la videoconsola (valorado en no pocos euros) ya que llegó ayer a su hora? Espero que tras leer esto podamos comprender cuál debe ser la respuesta.

RESUMEN:

-      Los términos refuerzos, castigos y autoridad son necesarios y fundamentales en la educación de nuestros hijos.

-      No podemos normalizar situaciones de consumo y/o abuso  de drogas legales de nuestros hijos, por la absurda justificación de que se comportan como cualquier joven de su edad.


-      Tenemos la obligación como padres de conocer el entorno y amistades en que se mueven nuestros hijos.

-      El castigo y el refuerzo jamás deben ser arbitrarios, deben explicarse y adelantar en qué situaciones llegarán.


sábado, 19 de enero de 2013

miércoles, 16 de enero de 2013

LA NECESIDAD DE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL

 José Luis Rufo Rodríguez.


"Al principio y al final siempre hay una emoción" (Punset).




 Las emociones se convierten en motor y núcleo de las distintas dimensiones de la personalidad. La inteligencia emocional, término popularmente conocido por la obra de D. Goleman, del mismo nombre (aunque parece ser que el primer autor que lo utiliza es Leuner en 1966), se reconoce como la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, así como la habilidad para manejarlos.

El objetivo de la psicoterapia centrada en la IE no es otro que ayudar al paciente en el conocimiento profundo de sus emociones para que las controle. El desarrollo de la intervención nos hará ver, las posibles disfunciones y orientará al paciente como afrontarlas.

Durante la práctica terapéutica, centrarnos en este tipo de intervención, nos ayuda significativamente en el fin de enseñar al paciente como manejar aquellas situaciones que le provocan frustración. Intentamos que no se sienta tan dañado por ellas. Siguiendo el modelo de  Nathalie P. Lizeretti en su libro "Terapia basada en inteligencia emocional", "es un tratamiento creativo, no correctivo" y que apuesta por llevar al paciente a una visión donde comprenda el síntoma, conozca sus causas y sepa canalizar el dolor que le genera.

Son muchas las distintas situaciones en las que este tipo de intervención puede ser beneficiosa. Sirva de ejemplo, la labor que realizamos con afectados por problemas de alcoholismo en la asociación ARCA en Cádiz. Aunque, como he advertido otras veces, cada paciente es un mundo, en la aplicación de nuestro PTI (Plan Terapeútico Individual), la realización de técnicas basadas en IE, nos ayudan en los objetivos de concienciación de problema con el alcohol, aceptación de la enfermedad y canalización de la frustración que le genera. Se persigue una actitud activa del paciente, para que abandone una posición victimista de su situación y afronte con firmeza el reto, reconociendo sus logros y méritos, a la vez que se muestre orgulloso del cambio. Se convierte por tanto en alguien que se conoce mejor a si mismo y elige aquello que le aporte beneficios, mientras se aleje de lo que le reporte daño.

El que mejor se conoce, es el que conoce sus límites y debilidades, de esa forma pondrá metas realistas y potenciará sus puntos fuertes.

Otro campo donde en mi opinión seria de vital importancia comenzar a trabajar estos aspectos, es en la educación. Si desde nuestro primeros años nos aceptamos y nos dan herramientas para canalizar nuestras frustraciones, desarrollaremos la empatía necesaria y obviamente nuestra sociedad sería menos violenta. Como describía Abraham Maslow : "La mayor parte, sino la totalidad, del mal en la vida humana se debe a la ignorancia", para Lizeretti probablemente esta ignorancia se deba a nuestra falta de conocimiento emocional.

Para terminar os dejo el siguiente enlace del programa de TVE Redes, donde Eduardo Punset  comenta con Daniel Goleman la necesidad de implantación de este tipo de programas en la escuela.





viernes, 16 de noviembre de 2012

NÁUFRAGOS DEL SISTEMA. (Octubre y Noviembre 2012).


Programa 3-10-12.



Programa 10-10-12. Consumo moderado de alcohol.




Programa 24-10-12. Alcohol y medicamentos.



Programa 31-10-12. Alcohol como droga de inicio.



Programa 7-11-12. Comentamos la desgracia de Madrid Arena. Fiestas y alcohol.






Programa 14-11-12. Alcohol y juventud.















Programa 21-11-12. Riesgos del consumo de cannabis.
















Programa 28-11-12.


COMO ALEJAR A TU HIJO DE LAS DROGAS (2). EL MODELO.

 José Luis Rufo Rodríguez.

Si todo el aprendizaje se realizara exclusivamente a través de condicionamientos con refuerzos y castigos nuestra capacidad sería muy limitada.

En 1974, junto a Walters, Albert Bandura estableció la teoría cognitiva social del aprendizaje, basándolo en el llamado aprendizaje vicario. Este tipo de aprendizaje al que también se le denomina de observación, de modelado o cognitivo social, se basa en una situación social en la que participan como mínimo dos sujetos: el modelo, que realiza la conducta, y el que la observa. En este aprendizaje no existe refuerzo, y se produce por imitación.

Como explica el propio autor: “En todos las culturas, los niños adquieren y modifican patrones complejos de comportamientos, conocimientos y actitudes a través de la observación de los adultos” (…) afortunadamente, la mayor parte de la conducta humana se aprende por observación mediante modelado”.

Este tipo de aprendizaje nos otorga a los padres una gran responsabilidad en la educación y posterior desarrollo de nuestros hijos. No nos sitúa como meros espectadores pasivos en sus vidas y tampoco como exclusivos jueces que dictamos sentencia con castigos y recompensas sin otro tipo de labor. Para que el niño respete la autoridad, también debe percibir lógica en el modelo de sus padres.

-      Hijo mío, fumar es malo…dijo el padre mientras aguantaba el cigarro con la mano….

-      No bebas hijo, el alcohol es dañino…-a la vez que percibe nuestro hijo que lo consumimos de forma habitual y, en muchas ocasiones, en exceso…


Tenemos que ser conscientes que si tenemos un problema de abuso con una sustancia, no sólo estamos realizando una conducta nociva para nuestra salud, sino también influimos en la salud física  (por ejemplo como ocurre con los fumadores pasivos) y emocional de nuestro entorno.

En numerosas ocasiones  padres y madres afectados por adicciones me comentan en consulta cómo en la mejoría personal que significa para ellos la abstinencia de la sustancia, sus hijos pequeños, niños de 3 o 4 años, les hacían sentir como si hubiesen estado en ausencia durante largo tiempo: los niños les piden que estén con ellos, que les cuiden, les preguntan si los quieren y se abrazan a ellos y los besan como si hubieran recuperado algo muy necesario. Es el mejor ejemplo de la necesidad que los niños tienen de sus padres y de lo inseguros que se sienten cuando esas figuras flaquean.

Pero sin llegar al caso extremo en el que una sustancia marca nuestras vidas y la de nuestros hijos, nos debemos plantear si realmente estamos siendo un ejemplo positivo en muchas situaciones para nuestros niños. Sólo es animarse a hacer un poco de autocrítica, todos debemos asumir errores.

No tenemos que obsesionarnos con ser padres perfectos, dioses que nuestros hijos admiren. Basta con ser coherentes, ofrecerles toda la información posible y utilizar nuestras conductas como modelo para que, con su observación, la imiten.

Si un niño observa como su padre es aficionado a la lectura y  su padre le explica por qué lo hace y  el placer que obtiene, le anima a  hacerlo, le acompaña en sus primeros cuentos, le facilita libros adaptados, leen juntos…es más que probable que ese niño acabe teniendo en la lectura una de sus pasiones.


Lo mismo ocurre con cualquier acción, no sólo las positivas…

Si desde el principio acostumbramos a nuestros hijos que la forma de divertirnos se realice exclusivamente a través de una sustancia, como puede ser el alcohol, si el niño observa que en las fiestas su padre se excede con la bebida, su única forma de diversión y de estar con amigos es en bares o acompañados por bebidas alcohólicas…no nos asustemos después cuando con 13 años se marche de botellón. ¿Qué autoridad tendremos para prohibirle que vaya? Si nos escudamos en que “lo hace todo el mundo” o en “bebo lo normal”, sin  otra reflexión, las consecuencias nos estallarán en casa.

El modelo no sólo debe centrarse en el control del consumo de sustancias, aunque sean legales, también en reportarle desde el inicio aficiones, hobbies, en cómo comportarse con los demás, respetar si quieres que te respeten,….

El acompañar a nuestros hijos en los inicios, ofreciéndole nuestra experiencia, nuestros gustos, nuestros pasiones…es una de las actividades más placenteras para un padre….no se trata de que el niño desarrolle exclusivamente los gustos del padre, ni que éste, como muchas veces también ocurre por desgracia, se frustre si el niño no toma exactamente el camino que su padre piensa para él, se trata de que conozca que hay muchas formas de diversión, de refuerzo, que no consisten en la búsqueda del refuerzo inmediato y fácil que nos pueden proporcionar las sustancias psicoactivas.

El modelado paterno es un amplio abanico de acciones, de las que incluso se puede sacar provecho cuando el padre se equivoca. Si nuestro hijo percibe que el padre rectifica, que pide disculpas, le enseñará que la vida es un permanente aprendizaje y que no podemos quedarnos en el camino fácil y sencillo, sino que lo apasionante es descubrir un mundo de experiencias de las que disfrutar por sí mismo, sin ayuda de sustancia alguna.

Obviamente alguien puede argumentar que un problema de drogas no es causa única del quehacer de los padres, esto es, el hijo de la familia tal acabó  consumiendo drogas y sus padres no lo hacían, ni siquiera fumaban tabaco ni bebían alcohol. Ante estos casos he de insistir en que esto no nos puede hacer que no ejerzamos nuestro responsable papel. Claro que después en la vida de una persona influyen otros factores, pero por esa regla de tres pues no enseñemos a nuestros hijos a cruzar la calle, ni a respetar las señales y además que vean que nosotros mientras conducimos o circulamos como peatones no lo hacemos…¡total el día de mañana por mucho que le enseñe puede tener un accidente…! El planteamiento es por sí ridículo. Los padres tenemos la obligación de dar el máximo, independientemente de lo que ocurra después. Es nuestra responsabilidad, y muchos debieran planteársela antes de tener un hijo.

Insisto que en la experiencia profesional diaria (al menos la de un servidor) se reconocen muchas carencias educacionales en los pacientes y que cuando se realiza bien la labor de progenitores se reduce considerablemente el riesgo, no sólo de caer en el mundo de las drogas sino de evitar otros trastornos.

Incluso cuando los padres de jóvenes, que por desgracia comienzan a venir en mayor cantidad a una asociación en la que se lucha contra las drogas, acuden  a consultas y asesoramiento reconocen que independientemente del resultado, aunque normalmente positivo, al menos siempre es tranquilizador saber que estás haciendo todo lo posible.


 Para ello  hay que abandonar la actitud de:

 - a mi nadie me tiene que decir cómo educar a mi hijo…- pues lo siento caballero, siempre se puede mejorar y por supuesto todos cometemos errores susceptibles de cambio.

Tan peligroso es el padre que no hace nada, cómo el que cree saberlo todo y no necesita ayuda.

Todos la necesitamos….



RESUMEN:

-      La mayor parte de la conducta humana se aprende por observación mediante modelado.


-      El modelo no sólo debe centrarse en el control del consumo de sustancias, aunque sean legales, también en reportarle desde el inicio aficiones, hobbies, en cómo comportarse con los demás, respetar si quieres que te respeten.


-       Para que el niño respete la autoridad, también debe percibir lógica en el modelo de sus padres: - Hijo mío, fumar es malo…dijo el padre mientras aguantaba el cigarro con la mano….

viernes, 19 de octubre de 2012

COMO ALEJAR A TU HIJO DE LAS DROGAS (1). LO SIENTO, NO ERES SU AMIGO.

 José Luis Rufo Rodríguez.


CAPÍTULO 1. NO ERES AMIGO DE TU HIJO.


Comienzo estos capítulos, con una frase utilizada frecuentemente y que, personalmente, me da pavor. -Quiero ser amigo de mi hijo...- Inmediatamente cuando la escucho reconozco que mi rostro se torna serio y contesto lo más firmemente posible: - Lo siento, no lo eres, ni lo serás. Ser padre es muchísimo mas importante que ser un amigo. Tu hijo necesitará a sus amigos y sus padres no deben estar en ese grupo.

Os animaría, como creo que ya he hecho en alguna entrada de este blog, a conocer un poco sobre la Teoría del Apego de Bowlby . Este autor había mostrado la necesidad de los niños de contar con un apego seguro proporcionado principalmente por las figuras materno/paternas. Para Bowlby, los niños que sufren carencias desarrollan signos de deprivación parcial-una necesidad excesiva de afecto o venganza, intensa culpa y depresión –o de completa deprivación –apatía, retardo en el desarrollo y falta de respuesta, y más adelante signos de superficialidad, déficit de concentración, engaños y robos compulsivos. Disculpadme el comentario fácil...un amigo no tiene esa responsabilidad. Insisto en esta línea, no para adentrarnos en la teoría del apego como un dogma exclusivo de fe, pero sirva para concienciarnos de la importancia de las figuras parentales y las consecuencias de no cumplir con nuestra tarea.



Puedo entender que muchos profesionales hace años defendieran una posición permisiva ante un modelo paternal basado en la autoridad y la visión servil del hijo que se proyectaba hace años, aunque para ser sincero,  ni siquiera esto último lo tengo tan claro. Padres maravillosos, comprensivos y verdaderos educadores han existido siempre...y padres con excesos de autoridad los había entonces y continúa habiéndolos hoy...eso depende mas de la personalidad del progenitor que de una tradición permanente....Baste como ejemplo, la parábola del hijo pródigo del nuevo testamento, que precisamente no es de anteayer... Ejemplos de padres con un buen modelo educacional los encontramos desde siempre...

Además no pensad que este problema sobre la falta de autoridad de los padres y la rebeldía de los hijos es tan reciente. Sirva esta cita como ejemplo:

"Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros." (Sócrates).


Ser padres implica ser la referencia principal de vuestros hijos en los primeros años. La importancia y necesidad de los progenitores son esenciales. El niño debe saber siempre quiénes ostentan la autoridad, quiénes son las personas a las que debe obedecer. Necesita para su desarrollo reconocer esas figuras y, si se ejerce con lógica, serán precisamente esas personas ante las que el niño también se sienta protegido y recompensado. Si pretendes ser un amigo de tu hijo olvídate de ese aspecto, a un amigo no se le obedece...a unos padres sí. Se que estoy tocando términos que a algunos les "molestan", permitidme entonces el comentario...!así vamos! ...


Autoridad y obediencia no tienen que ser términos negativos, lo serán si los confundimos con autoritarismo, opresión, maltrato y discursos sin sentido exclusivamente basados en el "porque te lo digo yo..."


Permitidme recurrir a ejemplos cinematográficos, en este caso de Disney, y particularmente en la obra maestra de 1994 "El rey león". En esta película, la figura del padre me parece un maravilloso ejemplo de lo que debe ser un buen educador: protector para su hijo y amoroso, pero firme y mostrando su autoridad cuando el hijo le desobedece. Mufasa, el padre del pequeño Simba le explica a su hijo el por qué de su decepción y del castigo, el pequeño león acaba entendiéndolo y aceptando su error, así como las consecuencias del mismo.



Esto hay que fomentarlo desde que el niño comienza "a tener uso de razón". La firmeza y la autoridad hay que tenerlas desde el comienzo. Basta con un ejemplo, quizás exagerado pero creo que significativo: si un niño de meses o un año intenta meter los dedos en un enchufe, hay que protegerlo haciéndole ver de forma seria y firme que ese sitio es peligroso. Basta con un gesto serio y elevar un poco la voz, el niño entenderá que no debe hacerlo...y si lo sigue intentando mantener la firmeza a pesar de su insistencia. Esto vale desde el inicio y con cualquier tipo de rabieta del niño, puesto que éste debe aprender que no va a salirse con la suya, si llora y al final lo consigue (sea lo que sea), a pesar de su corta edad comenzará a ganarnos la partida, y la autoridad es una lucha de posiciones que los padres nunca deben perder, sobre todo en los primeros años....Conforme el niño crece, la autoridad se mantiene, pero poco a poco empezaremos a explicarle cuáles son las razones de nuestra actitud y por qué tomamos esta decisión.



Es en este punto donde empezamos la conexión con el riego de las drogas...Si dejamos claro desde el principio que no debe entrar en ese mundo, lo acompañamos con nuestro ejemplo y le explicamos las razones, el niño entenderá por qué no debe hacerlo, a pesar de los mensajes externos que le animen a ello.



- Si soy un amigo, mi hijo adolescente me lo cuenta todo.....- me comentaba una madre en consulta, cuyo hijo de 16 años ya estaba inmerso en un serio problema de abuso de drogas. Grave error...tu hijo debe tener sus círculos establecidos y en cada uno debe tener claro su rol. Espero que el día de mañana, que está ya cerca, mi hija no me cuente qué chavales o chavalas (si se da el caso) le gustan o no...eso quede para sus amigas...o que de mayor me cuente con quién tiene o no relaciones...lo que me gustaría es que hubiera aprendido desde su infancia a contar lo importante y, si encuentra una relación que signifique tanto para ella como para implicarla en su vida pues entonces sí querer hablarlo con su padre...

Los padres debemos aceptar cuáles son nuestros roles y no querer introducirnos en áreas que no son las nuestras. Un niño conforme crece va necesitando de la privacidad que también le ofrecen las relaciones con sus amigos. No debe preocuparnos el hecho de estar permanentemente fingiendo ser uno más de ellos para así ganar su confianza. Eso ocurre en padres excesivamente controladores y temerosos, que inculcarán a sus hijos un miedo permanente por salirse de su círculo familiar, o por otro lado, a padres "inmaduros" que no aceptan su responsabilidad y, pretendiendo ser un "colega" más de su hijo, intentan recuperar sus carencias emocionales a costa de sus hijos. En ambos casos esta posición es un peligro...

Sirva como ejemplo otro caso de nuestra actividad diaria en el cual los padres de un chaval de 17 años habían pasado la adolescencia de éste siendo prácticamente uno más de su pandilla. En esa línea, permitían que su hijo subiera a su casa cada vez que quería a los amigos, sin importar horarios ni condiciones; le proporcionaban los preservativos para que el adolescente mantuviera cuántas relaciones quisiera. A pesar de los problemas, cada vez más acusados, que el chico presentaba con una droga como el alcohol nunca ponían en práctica exigencias ni castigo alguno y tras la regañina inicial, el fin de semana siguiente el muchacho volvía a salir sin ningún tipo de problemas.

Lo curioso del caso es que las pocas veces que estos padres habían sido algo más estrictos, el joven mejoraba su comportamiento.

Obviamente, siguiendo la línea inicial ("soy el colega de mi hijo") la situación empeoraba progresivamente. De las borracheras se pasó al coma etílico, del alcohol a los porros. Las malas contestaciones se hicieron diarias y el "chiquillo" se adueñó de la casa.

Los padres, en la consulta, no se explicaban qué habían hecho mal y por qué su hijo se comportaba de esa manera. "!Señores!- les dije- a partir de ahora no citaré a su hijo sino que serán ustedes los que deberán venir a consulta!"



Tengamos en cuenta entonces, que sin estar inmersos totalmente en el grupo, el entorno de nuestro hijo y él mismo darán señales más que suficientes para advertirnos de los peligros o de que su conducta no es la adecuada. Prestando atención a cómo es ese entorno (desde el inicio de la infancia) podemos advertir qué o quiénes son amistades más favorables para nuestro hijo. No entendedme mal, no hablo de clases sociales, ni de estatus sino de comportamientos, de educación, de respuestas malsonantes, insultos, descalificaciones, agresividad,...de las que tenemos que advertir a nuestros hijos y ,si llega el momento, alejarlos (de cómo hacerlo llegado el caso, lo trataremos más adelante).



Recuerdo un caso en el que una madre me comentaba cómo su hijo de 6 años había roto la amistad con su mejor amigo hasta el momento...ella diligentemente quería hablar con la madre del otro niño para solucionarlo...-no lo hagas....ese tema es de tu hijo...si quieres quedarte tranquila habla con el maestro para saber si hay algo que haya notado como preocupante, un cambio de actitud en el niño, agresividad, insultos,...pero si eso no es así, deja que tu hijo tome esas decisiones...habla con él, escúchale y dale tu opinión pero no interfieras..... A los pocos días me comentó que ambos niños lo habían arreglado y volvían a ser tan amigos....Debemos intentar aprender a distinguir lo importante de lo cotidiano y normal en la vida de nuestros hijos...El cómo se comporta en clase, si es conflictivo, si recibe insultos por parte de otros niños, el esfuerzo en sus obligaciones (sí obligaciones y deberes, sí, desde el principio un niño debe saber sus obligaciones...ya hablaremos en otro capítulo de ello). Eso es lo importante...lo que me comentaba esta madre entra dentro de la privacidad del niño, que también hay que fomentarla... y darle su espacio. El aprendizaje de nuestro hijo debe basarse en la práctica de libertad de su acción...¿os imagináis aprender a conducir un coche si el maestro de la autoescuela se sentase al volante y llevara el vehículo? El instructor debe mostrar una posición muy directiva al principio para, posteriormente, ir dejando que el alumno sienta que va tomando el control del coche, llegando el momento en que, aunque esté vigilante para intervenir, sólo lo hará en caso de peligro inmediato. Conforme el niño avanza en su desarrollo, hay que fomentar la toma de sus decisiones. La figuras paternas van dejando la fase de dirección, para pasar a la de orientación e intervención si el riesgo es evidente, y sin dejar en ningún momento de mostrar el camino más acertado con su propio modelo, con sus actuaciones, proporcionándoles a los hijos una información seria y rigurosa de cuáles son los riesgos a los que se enfrentan, entre los que se encuentran, por supuesto, las drogas.


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